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Disponer de un sistema de calefacción eficiente, adecuado y adaptado a las condiciones climáticas de nuestra ciudad y a las características de nuestra vivienda es sinónimo de confort y bienestar. Esta decisión también repercute en nuestra economía, pues la calefacción representa uno de los mayores gastos de los hogares españoles en época invernal.

Por eso, antes de decantarse por un sistema de calefacción para nuestro hogar conviene consultar con profesionales del sector para saber qué sistema cubrirá mejor nuestras expectativas de eficiencia y cuál supondrá una inversión más rentable a medio plazo.

¿Qué sistema de calefacción me conviene?

En el mercado existen diferentes sistemas de calefacción según la fuente de energía que utilizan o cómo difunden el calor. La pregunta es: ¿en qué debo basarme para elegir un sistema de calefacción?

Calefacción por gas: comodidad y máximo rendimiento

Los sistemas de calefacción por gas son los más extendidos en los últimos años y a su vez los equipos pueden producir agua caliente instantánea o acumulada. El elemento principal de este tipo de calefacción es la caldera, y en la actualidad son altamente eficientes gracias a la tecnología de condensación. Pueden funcionar con gas natural o con propano. El primero es el más habitual, sobre todo en grandes ciudades ya que está canalizado, y el suministro llega a la práctica totalidad de las viviendas.

En el mercado hay diferentes modelos de calderas según su potencia y tamaño. Si queremos un sistema de calefacción de gas para viviendas de zonas rurales es muy probable que tengamos que apostar por el gas propano que puede almacenarse en el exterior de la casa en depósitos; una opción válida, aunque menos cómoda y segura que el gas natural.

El rendimiento de las calderas de condensación es elevado y puede ser hasta el 94%, lo que se traduce en una clasificación energética A, si además, se combina con controladores para regular el sistema de calefacción, la eficiencia puede ser aumentada y conseguir A+ como sistema.

Calefacción por gasóleo: solución ideal para los inviernos más “duros”

Los sistemas de calefacción con gasoil son habituales en zonas muy frías o a las que no llega la red de suministro de gas natural.

El gasoil o gasóleo es un hidrocarburo que deriva del petróleo. El de tipo C se utiliza específicamente para generar calor en sistemas de calefacción domésticos. Este gasoil contiene más impurezas pero es más barato que otros, y cuenta con aditivos específicos para su combustión en calderas.

Es importante tener en cuenta que los sistemas de calefacción de gasoil requieren espacio para instalar el depósito en el que se almacena el combustible. Esta capacidad puede variar entre los 500 y 2.500 litros. A partir de los 1.000 litros su instalación debe ser subterránea, lo que implica realizar una obra específica.

A la hora de renovar un antiguo sistema de calefacción por gasoil muchas personas buscan otras alternativas, siendo común sustituir la caldera de gasoil por una de gas, más limpia, más fácil de instalar y más rentable a largo plazo.

Calefacción por bomba de calor: una apuesta por la eficiencia

Actualmente, la bomba de calor es uno de los equipos más completos ya que puede cubrir la demanda de calefacción, climatización y agua caliente en el hogar con un solo equipo durante todo el año. Se han convertido en una opción muy demandada en cualquier clima gracias su versatilidad.

Gracias a sus módulos interiores es posible combinarlas con calderas existentes, resistencias eléctricas y módulos con depósitos de agua caliente o depósito solar, un equipo muy versátil que se convierte en la solución ideal por eficiencia energética y protección del medio ambiente.

Las bombas de calor son equipos aire-agua, reversibles y de elevada eficiencia, que extraen la energía gratuita del aire exterior para convertirla en confort, de una manera natural, protegiendo el medio ambiente y favoreciendo el ahorro energético.

Calefacción eléctrica: energía limpia para climas templados

Los emisores térmicos, los acumuladores y los convectores son los equipos más extendidos para generar confort de una forma rápida y segura. La electricidad se convierte en calor gracias a las resistencias eléctricas que estos elementos tienen en su interior.

Una de las principales ventajas de la calefacción eléctrica es que no consume combustible ni oxígeno que tiene que ser almacenado. Tampoco emite gases contaminantes, por lo que se considera una energía limpia. Su mantenimiento es mínimo y su instalación sencilla y económica.

Los sistemas de calefacción eléctrica consumen mucha potencia, por lo que hay que asegurar tener contratada la potencia adecuada y así evitar que se disparare el importe de nuestras facturas. Por eso esta opción se recomienda únicamente para climas templados o regiones cálidas en las que el uso de la calefacción es moderado o esporádico.

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